jueves, 1 de julio de 2010

Dejame ir

No podía expresarlo con palabras, pero era lo que sentía. En ese momento, el odio y la desesperación corrían por mis venas si darme tregua, atormentándome hasta en mis más profundos sueños.
Mi única meta era escapar de eso, escapar de todo, y poder vivir sin miedo, sin nadie que quisiera verme sufrir, verme morir lentamente por dentro, cada día un poco más.
¿Cómo luchar con alguien al que quieres? Eso es imposible cuando el amor es verdadero. Simplemente, tu corazón no te deja actuar. Te nubla, ciega tu mente de tal manera que llegas a creer que pasará. Que será la última vez…que ya no ocurrirá más.
Y entonces, su verdad sobrepasa a la mía, sus palabras ahogan mis susurros temerosos y su mirada congela mi alma.
No podía odiarle, pues…¿como odiar al que crees que es el amor de tu vida? Pero si podía temerle. Cada vez que su mano se acercaba a mi cara, un escalofrío recorría todas y cada una de las fibras de mi cuerpo, haciéndome estremecer. Algunas veces era una caricia, llena de amor y dulzura…otras veces no lo era.
Tonta, tonta de mí. Yo lo permitía. Ciega, estúpida enamorada, yo permitía que hiciera eso. ¿Qué podía hacer? Huir solo serviría para provocarme más dolor, arrancarme una parte de mi alma. Quedarme le hacía ver que yo era suya, que nada de lo que hiciese haría que lo dejara.
Aguanté todos y cada uno de los golpes, pensando que algún día acabaría, que se daría cuenta de que mi corazón se iba rompiendo poco a poco, de que mi alma estaba resquebrajada, de que mi amor por él se hacía mas pequeño.
Pero no acabaron. Y yo perdoné. Lo perdoné todo. Perdoné los golpes. Perdoné las palabras. Perdoné los engaños. Le perdoné a él. Perdoné a mi corazón por ser tan débil, y perdoné a mi alma por intentar dejarme. Todo por él. Solo por él.
¿Y que recibí de todo ello?
Más dolor. Ese dolor que ya no solo te destruye por fuera, sino que poco a poco también te va destruyendo por dentro, arrancándote la ilusión por la vida, la alegría, la esperanza…
Mi corazón se encogía cada vez que él amenazaba con dejarme. ¿Por qué? ¿Qué había hecho yo mal? Le amaba, le comprendía, comprendía su frustración, comprendía por que lo hacía…
Llegué a pensar que no era buena para él…Si, que no le merecía. Que era demasiado perfecto, demasiado bueno y demasiado especial para mí.
Ingenua…
Las discusiones eran más constantes. Mi ropa no le satisfacía, mis gestos le molestaban, mis besos ya no le complacían…¿Qué podía hacer? El chico por el que lo había dejado todo ya no se fijaba en mí.
Un día me dijo que no saliera a la calle con la cara así. Me miré en el espejo. Aquellas heridas habían sido provocadas por sus puños, aquellas heridas que casi me perforaban también el alma, que no me dejaban dormir por las noches…
¿Quién va a querer a alguien así? Solo yo, me decía.
Y yo le creía. ¿Quién iba a quererme? ¿Quién iba a amarme?
Dicen que la cara, es el espejo del alma. Bueno…mi alma estaba tan destrozada como mi rostro…rostro que intentaba disimular siempre con capas y capas de maquillaje, pero que a él nunca le satisfacía.
Cuando la persona que amas te rechaza, la vida parece no tener sentido… Cuando el amor que sientes por alguien no es correspondido, el cielo se nubla.
Mis días pasaron de igual manera durante meses. Los golpes eran continuados, algunos días más, otros días menos, en la cara, en el cuello, en las piernas, en el pecho…
Hasta que dije basta. Las palabras que antaño había celosamente guardado en mi interior brotaron de mi boca apenas sin yo darme cuenta.
Pero dije basta. Se lo dije a él. Se lo dije al mundo. Basta ya.
No puedo seguir así, me decía a mi misma, mi vida no puede seguir así.
Y lo dejé todo. A él, a mis pensamientos infravalorados, a mis ideas de un futuro eterno con él...
Poco a poco, mis heridas externas fueron cicatrizando, hasta solo ser un mero fantasma del pasado. Pero mis heridas internas tardaron mucho mas en recomponerse…por que cuando te rompen el corazón de tantas formas posibles que ya no eres capaz de volver a recomponerlo, tardas mucho tiempo en darte cuenta de que el dolor es eterno cuando las heridas también lo son.

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