jueves, 1 de julio de 2010

Traición

Podría haber huido. Podría haber gritado, pidiendo socorro aunque no sirviera para nada. Podría haber huido… Pero solo conseguí caer en la oscuridad y profundidad de su mirada. El me había atado a su alma con un lazo irrompible, echo de atracción y deseo. Su mirada era tan helada como el hielo, y aún así no podía dejar de mirarle e imaginarme entre sus brazos, sintiéndome parte de él.
Mis recuerdos eran borrosos, pese a la claridad que inundaba mi mente en ese momento, aunque de cualquier modo, me aturdían y me hacían temblar. Por que él estaba en mis recuerdos. No era una sombra de mis sueños, no era el susurrar del viento que azotaba mi cuerpo. Él era real en mi vida, aunque ahora no pudiera recordarlo.
Bajé la mirada, ocultando mis lágrimas, o intentándolo. Él era parte de mi y no podía recordarlo. Lo sabía y a la vez no.
La luz se hizo más clara, llegando a cegarme incluso teniendo los ojos cerrados. Alcé la cabeza para ver de donde procedía tanta claridad. Él estaba ahí, frente a mí, con aquella mirada oscura y a la vez tan blanca y pura. Y la luz manaba de él, resplandeciente y cegadora. Alzo la mano, y con ella recorrió mi cara, acariciando mi mejilla izquierda. Con uno de sus dedos me secó una pequeña lágrima que caía incesante. Ahora, tan cerca de mí, no parecía real, sino solo una ilusión producida por mi mente. ¿Por que no podía apartar mi mirada de él? Acabaría doliéndome el no mirarle, pestañear y no poder encontrarlo de nuevo allí, tan perfecto, tan…único.
Incluso en el momento en el que volvió a tocarme la mejilla, sentí como si no pudiera ser cierto que una chica como yo pudiera estar contemplando algo tan hermoso. Su tacto era suave, dulce, tentador… Quise preguntarle quien era, pero yo ya sabía quien era, aunque no pudiera recordarlo.
Su mano llegó a mi barbilla y allí se quedó. Tragué saliva, nerviosa. Sus ojos me invitaban a mirarle, y yo lo hacía, cosciente de que nunca en mi vida había mirado a nadie así.
Alzó la otra mano y acunó mi cara, mirándome sin variar su expresión, inescrutable, inamovible.
Pero yo no podía ser tan débil. Él era parte de mí…pero era todo por lo que yo había luchado toda mi vida…la tentación…el deseo…solo mirarle suponía una traición a mi misma…y no podía permitir que un ser gloriosos pero a la vez pernicioso me hiciera sucumbir. No podía traicionarme…pero de nuevo me miró con aquellos ojos tan azules, tan envolventes, tan hechizantes…y no pude evitarlo…
Caí al vacío…y nadie pudo hacer nada para salvarme.

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